A diferença Brasileira: notas sobre la construcción/aprendizaje de la Memoria Histórica en torno a la Dictadura Militar en Brasil – exclusivo

Felipe Zurita Garrido

Desde que llegué a Brasil, a inicios del año 2013, distintas personas han compartido conmigo la siguiente perspectiva: que la Dictadura Militar chilena (1973-1990) fue efectivamente una experiencia histórica de las más sangrientas y violentas dentro de las conocidas en la región y que existiría cierta diferencia entre la misma con respecto a la Dictadura Militar brasilera (1964-1985). Esta diferencia, que caracterizaría a la experiencia brasilera, es expresada a través de algunos de los siguientes argumentos: que la Dictadura Militar brasilera fue más selectiva con el uso de la violencia política; que esta, por extensión, sólo afectó a algunos pocos militantes de izquierda; que por las dimensiones territoriales “continentales” de Brasil la población “no sintió” el actuar del régimen; que los militares brasileros tuvieron una perspectiva de política económica centrada en una industrialización de orientación nacionalista que ayudó mucho a Brasil, entre otras. Ciertamente que las diferentes Dictaduras Latinoamericanas tuvieron sus particularidades, lo que pone un freno a cualquier intento de generalización. Aceptar esto no excluye, por supuesto, la posibilidad de que efectivamente existieran similitudes entre estas. Aquí es donde identifico ese obstáculo, esa posible negación, que se expresa en la idea de la diferencia de la experiencia brasilera, en tanto, de cierta forma, lo que se hace es situar la violencia ejercida por el régimen brasilero en un nivel nebuloso, limitado, difícil de aceptar o de dimensionar, de contornos borrosos. En fin, considerando dicha situación, quizás sea más viable situar la violencia estatal en otras latitudes.

Frente a esa posible diferencia y considerando mi nivel de desconocimiento de la historia brasilera me he hecho las siguientes preguntas: ¿Fue tan así? ¿Por qué la experiencia brasilera sería diferente a la desarrollada en Chile y en otros países como Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia? ¿Por qué habría una diferencia si se trataba de Dictaduras lideradas por militares y civiles conectados entre sí y con intereses similares de oposición al avance de la izquierda en pleno contexto de la Guerra Fría? ¿Por qué serían diferentes si parte de esos militares tuvieron una formación común en la Escuela de las Américas bajo generoso auspicio de Estados Unidos? ¿Por qué existiría esta diferencia si en dicha institución fueron instruidos militares de toda América Latina en contrainsurgencia anticomunista y en diferentes técnicas de tortura que posteriormente los mismos aplicaron en sus respectivos países? ¿Cómo sería posible esta diferencia si se sabe que militares brasileros colaboraron con sus conocimientos, equipamientos y experiencia acumulada en las sesiones de tortura desarrolladas tempranamente en el Estadio Nacional de Santiago en los días posteriores al Golpe de Estado de 1973?[1]

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El día 25 de Septiembre recién pasado asistí como oyente al Seminario “História do Brasil Nação” en la  Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas (FAFICH) de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). Una de las expositoras fue la historiadora Heloísa Starling, quien hizo una presentación centrada en los “silencios de la Dictadura”, como parte de los avances preliminares del Grupo de Trabajo “Golpe Civil-Militar de 1964”. Uno de los temas abordados en la exposición fue justamente la violencia política en general y el uso de la tortura en particular, durante la Dictadura Militar en Brasil. Hubo dos momentos de la presentación que llamaron con mucha fuerza mi atención.

El primero, corresponde a la noticia de la recuperación reciente del llamado “Relatório Figuereido”[2], que es el material resultante de la investigación llevada adelante por el procurador Jader de Figueiredo Correia, que fue encomendada por el mismo Ministerio del Interior brasilero en plena Dictadura Militar, entre los años 1967 y 1968. Este documento da cuenta de terribles, sistemáticas y masivas violaciones a los derechos humanos a personas pertenecientes a comunidades indígenas a manos de agentes estatales y privados. Dicho informe estuvo desaparecido por mucho tiempo, hasta que fue encontrado en año 2013 en el Museo del Indio por parte del investigador Marcelo Zelic. Es interesante observar como a partir de este caso, incluso por objetivos diferentes y en las situaciones más insospechadas, quedan evidencias, despojos, marcas, memorias sostenidas por letras y papel, herencias del pasado que pueden ser usadas en el presente como fuentes para repensar nuestras sociedades.

El segundo, ocurrió cuando la historiadora Heloísa Starling comenzó a abordar el tema de la tortura en Brasil. En un momento puntual, ella comenzó a describir algunas técnicas de tortura utilizadas en las jornadas de interrogatorios: “pau de arara”, choques eléctricos, ahogamientos, simulación de fusilamiento, entre otros grandes legados que crearon o importaron los agentes de la Dictadura Militar. Estas técnicas son ampliamente conocidas en toda América Latina, debido a que las mismas fueron utilizadas en varios países de la región por parte de agentes de las diferentes Dictaduras. Lo que para mí fue sorprendente de todo esto tiene que ver más con la reacción de cierta parte del auditorio: a medida que la profesora describía estas técnicas, un grupo de estudiantes comenzaba a emitir expresiones de desagrado, sorpresa e irritación al escucharlas.

Claramente, el escuchar descripciones de este tipo puede ser una experiencia chocante, desagradable. No obstante, me parece que no corresponde a nada novedoso en sí mismo, menos (según mis expectativas) para un grupo de hombres y mujeres jóvenes en proceso de formación universitaria e interesados por la historia. En ese primer momento, me pareció increíble que esos estudiantes reaccionaran de esa manera, como si fuese la primera vez en sus vidas que escuchaban una descripción sobre las tipologías de torturas practicadas hace tan poco tiempo y en su propio país. Después de esa primera impresión, quedé pensando en formas alternativas de entender lo que ocurrió allí. ¿Será que tendrá que ver con el origen social y las experiencias formativas concretas de esos estudiantes? ¿Será que corresponde a un proceso más amplio de falta de enfrentamiento de la sociedad brasilera con su historia reciente? ¿Será que esa perspectiva de la diferencia de la Dictadura Militar brasilera ayudó a construir una memoria hegemónica sobre la misma que sitúa a la violencia más vergonzosa fuera de las fronteras de Brasil? ¿Será que la violencia está tan naturalizada en esta sociedad que la experiencia de la Dictadura Militar pasó inadvertida dentro de una multiplicidad de otras experiencias quizás más violentas que extienden sus manos ensangrentadas hasta el presente? ¿Será? No lo sé.

Lo que sí sé es que se muestra totalmente urgente fortalecer, apoyar y legitimar iniciativas como la de la Comissão Nacional da Verdade, que hasta donde entiendo es la primera instancia de investigación de carácter estatal y de amplitud nacional en torno a las violaciones a los derechos humanos en Brasil durante la Dictadura Militar[3]. Esta instancia claramente ayuda a abordar en el especio público contemporáneo la experiencia de este periodo de la historia brasilera, también invita a interrogar a esta desde el presente y además genera una instancia formativa para toda la sociedad en su conjunto. A 50 años del Golpe de Estado y a 29 años del término de la Dictadura Militar en Brasil, la sociedad brasilera merece y necesita tener información sobre qué ocurrió en esa etapa de su historia, necesita saber en qué medida el tipo de vida que se tiene hoy está vinculada con ese momento. También necesita saber cuántas personas fueron torturadas, asesinadas y hechas desaparecer, no sólo como un ejercicio de estadística de la muerte, que en sí mismo ya es muy relevante, sino que para poner un nombre y una historia en cada uno de esos números, con miras a aportar en la tarea dolorosa, pero a la vez necesaria, de reconstrucción de la memoria. También es necesario saber con detalles quiénes fueron los ejecutores y los torturadores, tanto dentro como fuera de las fuerzas armadas, quiénes apoyaron y dieron sustento económico, logístico y político desde la sociedad civil.

Quién sabe, quizás este acercamiento titubeante de la sociedad brasilera con su historia reciente esté de una u otra manera relacionado con la situación de impunidad con que ha sido enfrentado este problema. En Brasil, a diferencia de otros países de la región, no hay ningún agente del Estado envuelto en violaciones a los derechos humanos procesado por la justicia, esto relacionado, claro está, con la vigencia hasta el día de hoy de la Ley de Amnistía decretada en 1979. Este hecho es quizás uno de las causas más poderosas para comprender esa diferencia de la experiencia dictatorial en Brasil, que en parte define formas concretas de aprendizaje sobre la misma.

[1] Ver: http://g1.globo.com/politica/noticia/2014/04/comissao-da-verdade-apura-no-chile-provas-de-tortura-contra-brasileiros.html y https://www.youtube.com/watch?v=2aIsr6_65Dc#t=32. Recomiendo ver el Documental “Estadio Nacional” de la Directora chilena Carmen Luz Parot (2002).

[2] Ver: https://es.scribd.com/doc/142787746/Relatorio-Figueiredo

[3] Es necesario señalar el proyecto “Brasil Nunca Mais” (1979-1985) como una instancia de investigación y registro de violaciones a los derechos humanos ejercidas por parte de agentes de la Dictadura Militar brasilera y a la vez como uno de los primeros esfuerzos por ayudar a construir una memoria sobre dicho momento doloroso que diese sustento a la búsqueda de justicia. Más, también es importante señalar que se constituyó en una iniciativa creada y dirigida por parte de la sociedad civil, no por parte del Estado brasilero. Ver: http://bnmdigital.mpf.mp.br/#!/

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