Primer semestre de 2015: Panorama sobre el último “paro” de docentes en Colombia – exclusivo

Lyda M. González Orjuela

“sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica”

Paulo Freire.

Abril de 2015. Una vez más los docentes del sector público Colombiano salieron a las calles, se movilizaron, protestaron y lucharon contra la desigualdad económica, contra un sistema de salud precario, así como la exigencia en el cumplimiento de acuerdos olvidados por el gobierno nacional.  La lucha es justa, es la pelea por la dignificación del papel del  educador, por el reconocimiento y valor de la profesión que se ha visto pisoteado desde hace varias décadas. Es de anotar, que una de las “tristes realidades que conocemos la gran mayoría de los colombianos” es aquella en la que vemos como se dan empleos ministeriales a personas poco idóneas, quienes sin conocimiento específico, ni experiencia alguna, asumen cargos políticos de forma irresponsable.  Claro está, ¿cómo no hacerlo? si es el pago retributivo a la ardua tarea de conseguir votos para el candidato de turno.  A eso se suma, que en Colombia nuestros dirigentes, expertos en manipulación discursiva, elaboran “amañadas” reformas anticonstitucionales, vendidas a la sociedad como  fórmulas mágicas que aseguran cambios inmediatos.

Febrero 03  de 2015. El presidente de Colombia, Doctor Juan Manuel Santos decretó al día 25 de marzo como el ‘Día E’, día de la excelencia educativa en el país, un espacio para que los colegios  proyecten sus acciones y alcancen la excelencia académica.  Y es que una de las más importantes metas del presidente es hacer de Colombia el país  más educado en Latinoamérica, y la fecha límite para ese ambicioso logro es el año 2025. Para el gobierno nacional Colombiano lo más importante es mostrar una elevada mejora en los índices internacionales, de allí el eslogan “Colombia la más educada de américa latina” y para ello se ciñe de forma restricta a la norma internacional, de tal manera que como autómatas somos medidos bajo “estándares nacionales e internacionales”.  ¿Pero acaso esas evaluaciones si dan respuesta a un verdadero cambio educativo?

Es claro que la autoevaluación del día “E” es una medición que apuntó a dos parámetros específicos, uno, la verificación de resultados del “saber” de los alumnos, y dos, el dato de la cantidad de estos en las aulas.  Entonces nacen otros cuestionamientos  ¿si se habla de calidad, por qué no se hace una valoración que involucre a toda la comunidad educativa?, ¿Acaso el papel de los padres de familia, los docentes, la sociedad en general, así como las necesidades institucionales y de cada uno de los estudiantes no hacen parte de la calidad? 

En tanto, la Federación Colombiana de Educadores -Fecode-  se opuso rotundamente  a la celebración del día “E” y en su lugar propuso un día “D”- Desobediencia.  Ellos argumentaron que las políticas públicas educativas deben ser una construcción que vaya de la mano con todos los frentes. Lastimosamente, no se está pensando en la realidad de los colegios públicos del país.  Lo que se busca es que rectores y maestros asuman como propias las metas que el Ministerio de Educación tiene ya diseñadas y establecidas de antemano, sin considerar las condiciones reales de los colegios, la mayoría con grandes carencias en materia de recursos educativos, condiciones locativas mínimas, sobrecupo de alumnos, jornada escolar de solo 5 horas diarias, y por supuesto,  las condiciones de pobreza de los estudiantes.

Tampoco es extraño encontrar en Colombia docentes que comparten su sueldo para brindar mejores condiciones a los estudiantes, las “donaciones” están entre la compra de material didáctico, hasta dinero para ropa, calzado, transporte y comida. Todo esto genera en el imaginario del profesor una necesidad de lucha constante, de desobediencia, la cual fuertemente articulada al  carácter crítico ha conseguido logros positivos; un ejemplo se dio en 1994, cuando los maestros lograron concertar en la Ley 115 propuestas como el que cada institución formulara su propio proyecto educativo institucional -PEI- El cual recoge el ideal  institucional acorde con su conformación, su contexto, necesidades y proyecciones.

Dichos PEIS además cuentan con la participación de los padres de familia y de los estudiantes, su formulación colectiva es el resultado de propuestas en pro del mejoramiento en cada una de las instituciones.   Y entonces, ¿qué pasó con la participación? Ahora lo único que se busca es la imposición de mandatos a través de decretos que priorizan las recomendaciones del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional  y la OCDE. 

Mayo 07 de 2015.  La batalla docente tiene una amarga derrota.  El aparente respaldo aliado fue quien esta vez dio la espalda.  Los directivos de Fecode pactaron con el gobierno nacional la firma de un preacuerdo y un acuerdo, que dio fin al paro de dos semanas. Después de leer lo convenido solo se escucha el inconformismo y el lamento de un: nos sentimos utilizados,  y es que lo firmado no es coherente ni con las exigencias del pliego de peticiones elaborado inicialmente por la federación, ni mucho menos con la gran movilización que por más de 10 días apoyaron varios sectores nacionales. De esta manera, en Colombia, el gobierno nacional aplaude a los colegios que logran mejorar los índices de calidad a través de las mediciones nacionales como las prueba saber pro, pero a su vez muestra una cara dura para aquellos colegios que no han alcanzado la meta.

Es tal la proporción que la ministra de educación Gina Parody[i], dijo mediante los medios de comunicación que los docentes de los colegios públicos de Colombia ganan en promedio 2.500.000 pesos, desconociendo que en realidad para muchos docentes sus salarios con descuentos de ley no superan los dos salarios mínimos.  Así mismo, habla de un sistema de salud privilegiado, en el cual muchos docentes han afirmado que conseguir una cita con especialista tarda hasta seis meses.  Se apoyan en que no hay dinero, que Colombia está en crisis económica, pero a pesar de ello ofrece “bonificaciones económicas” a las instituciones educativas que apliquen la jornada única, o auxilios para aquellos maestros que  eleven el desempeño en las evaluaciones de sus estudiantes.  

De la misma forma en Colombia encontramos educandos autómatas contestando pruebas internacionales, olvidando quiénes son, cuáles son sus imaginarios de vida, qué se debe hacer para ser mejores personas.  Estas pruebas son estandarizadas, desconocen la diversidad, someten a los estudiantes a validaciones en lenguas que no son las suyas, irrespetados por un sistema que no tiene consideración de sus limitaciones, que se olvidó que en Colombia se tiene un trazado diverso y a la vez único.  Desconociendo a los niños víctimas de la violencia, como a todos aquellos que han tendido un desarrollo triste al lado de la marginalidad de la diferenciación de las clases sociales, y es que una educación que excluye no puede ser vista como una educación para “todos y todas”. La verdad es otra, es una educación que mide los procesos, que se preocupa por ver al estudiante como una cifra,  un gobierno que perdió de vista el trabajo de sus docentes, pues no se reconoce ni dignifica su labor.  

La invitación para el estado nacional es hacer una mirada íntima y reflexiva, que identifique quiénes somos. Seguir el ejemplo de países como Bolivia quien actualmente cuenta con una reforma educativa ambiciosa, que no tiene ningún interés por las pruebas internacionales, una Bolivia que mira de frente a sus docentes, que escucha, que realmente trabaja por sus propios ciudadanos.  Dentro de las políticas educativas de Bolivia se formuló un trabajo a través del apoyo social, comunitario y productivo, en el cual se enseña a los estudiantes a “pensar y no a obedecer”, su fin específico es lograr la descolonización del pensamiento, para construir uno propio, autentico que responsa  a las necesidades del contexto de este país en el cual prima la educación comunitaria en armonía con la naturaleza y la madre tierra.

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