Eduardo Galeano y América Latina – exclusivo

Felipe Zurita Garrido

La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones. Éste ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrotaba a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan, consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos. (Eduardo Galeano, 1971).

Eduardo Galeano, aquel entrañable periodista y escritor uruguayo, se nos fue el pasado lunes 13 de Abril a los 74 años de edad. Su obra contiene una riqueza y diversidad temática interesantísimas, eso sí, toda ella con una innegable centralidad en América Latina.

Aquí sólo me referiré al clásico libro “Las venas abiertas de América Latina” (1971). Conocí este trabajo al primer año de haber ingresado a estudiar a la Universidad. Recuerdo que era uno de esos textos de iniciación a la formación crítica universitaria, algo básico, que cualquier estudiante interesado en historia debía leer. Su lectura fue una revelación impactante, por primera vez tenía un acercamiento a otra narrativa histórica, alejada de la clásica lógica de la historia escolar y tradicional que organizaba el tiempo de una forma lineal, donde los hechos eran situados en una línea de eterno e irrefutable progreso. Dicha narrativa histórica también se alejaba de la habitual inclinación a seleccionar exclusivamente a la vida y obra de los “grandes hombres” de la guerra y la política como material a ser historizado y difundido. Los actores de la historia aquí eran más diversos: indígenas, afrodescendientes esclavizados, mineros, campesinos, obreros, infantes, mujeres, líderes contestatarios (Túpac Amaru, Emiliano Zapata), sindicalistas, entre otros, se juntaban a los europeos de la conquista y a los políticos/empresarios constructores de la modernidad latinoamericana. El simple hecho de diversificar el ámbito de referencia de la memoria histórica latinoamericana, en dirección a un contexto más amplio y complejo, menos condescendiente, corresponde a uno de los valores políticos de este libro de Galeano. En otras palabras, generó condiciones para pensar la historia de Latinoamérica incluyendo a amplios grupos humanos auténticamente formadores de la misma, secularmente excluidos, invisibilizados.   

En la misma tarea, con las debidas distancias y cuidados analíticos, este libro se una a otros esfuerzos por construir una imagen de América Latina donde quepamos todas y todos, con nuestra memoria dolorosa, deseos frustrados y amplias posibilidades de futuro. Dentro de estos otros esfuerzos sería imperdonable no señalar, solo a modo de ejemplo, el poema épico “Canto General”, de Pablo Neruda, los trabajos del movimiento artístico del muralismo mexicano (resaltando a Diego Rivera), el movimiento musical de la Nueva Canción fuertemente inspirado en Violeta Parra, entre muchos otros. Ciertamente que esta es una tradición cultural latinoamericana importantísima, aquella que hasta hoy apunta a construir un relato identitario donde es imposible olvidar las amenazas enarboladas y sucedidas contra los pueblos del subcontinente, donde es imposible olvidar la sangre derramada en nombre del oro y la ganancia, donde es imposible olvidar nuestro origen indígena y africano violentado, en fin, donde es imposible hacer como que nada ha ocurrido y que debemos seguir avanzando unidos como hermanos tras la búsqueda de sociedades modernas, occidentalizadas. Estas y estos artistas, músicos, intelectuales, escritores, pedagogos, latinoamericanos, nos ayudan a recordar que nunca hemos sido una/uno sólo, idéntico, por el contrario, hemos sido muchas y muchos, diversos, eso sí, situados en una organización intencionalmente desigual, sufriente, indignante, donde unos pocos ganan y muchos pierden. Eso ha constituido nuestra identidad latinoamericana y claramente no lo podemos olvidar y seguir tolerando.

Ciertamente el libro de Galeano es un trabajo datado, nos recordaran que la Guerra Fría acabó, que el Muro de Berlín se despedazó y un largo etcétera optimista frente a la llegada de una supuesta nueva era. En dicho contexto el texto de Galeano no era un simple trabajo de elucubración académico/intelectual, por supuesto que era un elemento más puesto en juego en la batalla cultural. El mismo Galeano reconoció en Abril del 2014 en la Bienal del Libro de Brasilia que guardaba cierta distancia con su libro. Sin embargo, considerando el paso del tiempo y considerando que nos encontramos en una situación diferente a la de la segunda mitad del siglo XX, aquello no elimina el hecho de que en nuestra América Latina contemporánea se presenten, quizás con otros ropajes y con otros argumentos, situaciones de profunda injusticia, situaciones de profundo atentado a la dignidad humana, situaciones que ponen en duda la mayoría de edad de nuestras sociedades. Para ser más preciso, sólo señalaré lo siguiente: nuestras policías siguen siendo expertas en asesinar y desaparecer personas, nuestras fuerzas armadas siguen formándose a espaldas nuestras y al alero de Estados Unidos (ya no en la Escuela de Las Américas sino en Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad), existen bases militares de Estados Unidos en diversos países de América Latina, parte importante de las riquezas naturales de nuestros países están bajo el control de empresas trasnacionales, Latinoamérica es la región más desigual del planeta, aquí la violencia es la cara de la ley más conocida, los sistemas de salud/educación/vivienda son insuficientes o directamente indignos en nuestra región, el tener trabajo no asegura abandonar la pobreza, los pueblos indígenas siguen enfrentando la violencia del Estado y Empresariado, millones se encuentran en situación de pobreza y hambre cotidiana, indiferente a toda evidencia el valor del capital es más importante que el valor de la vida que representa el medio ambiente y su cuidado, entre muchos y muchos otros ejemplos. Contra todo optimismo o complacencia de nuestras elites políticas e intelectuales, lo cierto es que las venas e América Latina siguen sangrando.  

“La Mano” (Oscar Niemeyer) Memorial da América Latina, Sâo Paulo

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